martes, 23 de abril de 2019

Capítulo 57


Si la policía hubiera encontrado a Harry en la escena, lo hubieran sacado con esposas en las manos. A pesar de su increíble habilidad para evitar el tema de su anterior actividad criminal, sigo siendo consciente de su relación con las autoridades. Lo mirarían y lo creerían culpable.

Decidí que probablemente era mejor afrontar cara a cara las luces azules, entonces dejé al arrugado hombre en el suelo del garaje y fui hacia la patrulla con mi mejor mirada de angustia. No fue tan difícil. Mis lágrimas estaban frescas, pero no porque supuestamente me había tropezado con este hombre; las marcas en mis mejillas daban la prueba de un ser destrozado.

“¡Por ahí!” grité.

Me mantuvieron lejos de la conmoción, un paso al lado pero no olvidada. Una mujer oficial siguió preguntándome si estaba bien, si necesitaba sentarme. Asumió mi comunicación silenciosa como que aún estaba en shock. No tenían idea.

Poco tiempo después observé cómo el papá de Harry era subido a la parte trasera de una ambulancia que estaba esperando. Estaba aliviada con tan sólo escuchar el chirrido de las llantas contra el pavimento. Parte de mí se había inquietado frente al hombre formando una escena, llorando a los ángeles por la persona que había tenido la culpa, Agradecí las agujas con droga en mis brazos, la fuente de mi silencio.

La ambulancia estaba peculiarmente acompañada por dos oficiales en motocicletas. Me sobresalté por el arranque gutural y choqué con un oficial cargando cinturones de utilería para amarrar al hombre y forzarlo.

***

Jamás me había sentado en una patrulla. Me complací al pensar en los otros vehículos vigilantes con quienes compartíamos el camino, todos respetando el límite de velocidad, poniendo las direccionales correctamente, absteniéndose de cerrarse a otro en la glorieta. Estaba realmente segura de que después de que nos fuéramos todos volverían a manejar con esos malos hábitos que tendrían a todos pitando.

Mi nombre fue llamado de nuevo en el escritorio de la recepción de la estación de policía. Me sentí fuera de la realidad y sola. Buscaba confort en los fantasmas dedos de Harry deslizándose entre los míos; lo había hecho muchas veces con una sonrisa en su cara. Pero ahora no había nadie que tomara mi mano.

***

“¿Señorita?”

Mis ojos rodaron hacia el joven oficial sentado en frente de mí. Me había dado té servido en un vaso de papel, usé mis manos como una fuente de calor hasta que estuvo tibio y ya no se podía tomar. Habíamos estado sentados en el cuarto por un tiempo incierto; las paredes de un lavado de magnolia, un color para calmar los nervios. Me imaginé siendo arrastrada a una oscura interrogación, el haz de luz de la lámpara brillando en mis ojos mientras alguien me pedía decir “la verdad”. Pero no. Era una silla acolchada con brazos, había imágenes de veleros colgadas cerca de la puerta y una mesa de café con revistas.

Iba a tener una “charla informal”.

Mi rodilla temblaba hasta que me di cuenta del movimiento y puse mi mano encima para recordarlo. “No parezcas culpable”, repetí en la mente. Ayudó un poco.

“¿Estoy bajo arresto?”

Mi voz era delgada y nerviosa, agrietándose por la presión de la implacable mirada que tenía encima. No importaba cuán casual arreglaran el cuarto, mis ojos no hacían nada más que mirar hacia la cámara en la esquina superior derecha del espacio.

“No, señorita.” Me respondió con una pequeña sonrisa.

Él estaba sentado al borde de su asiento, opuesto al mío. Su cuerpo un poco inclinado, como si no quisiera perderse una sola palabra que saliera de mi boca; como si cada sílaba fuera una pista al crimen cometido.

“Entonces, ¿puedo irme cuando quiera?”

Se movió para tomar su segunda ronda de té, con el vaso idéntico al mío.

“Me gustaría hacerte algunas preguntas primero.” Replicó, gentilmente soplando al líquido haciendo salir vapor.

“¿Qué tipo de preguntas?”

El marco de piedra de sus ojos se concentró en los míos.

“Importantes.”

Débilmente me desvié de su mirada evaluadora. No era una intimidante, no obstante inconfortable. Habían tomado mi bolso, “protocolo estándar” aparentemente, pero no fue difícil verlos observarme curiosamente. Podía imaginar que estaban pensando, la situación en la que me encontraron. A pesar de los numerosos oficiales que me habían tranquilizado no era sospechosa, aún tenía incómodos sentimientos.

“Señorita, ¿usted vio algo? ¿Sabe quién lo hizo?”

La idea de yo causar heridas como esas había sido descartada desde temprano. Había sido excluida así la mayoría de mi vida, demasiado tranquila, demasiado penosa, la chica que se sienta en las filas de los lados. De alguna impertinente manera, quería unirme a eso, quería ser considerada en su ecuación; ella lo pudo haber hecho. Ella pudo haber roto su brazo y destrozado sus costillas. Su preocupada apariencia podría ser una fachada. Podría ser peligrosa.

“No.”

Tenía círculos oscuros debajo de sus ojos, y eso me hizo preguntarme qué lo hizo no dormir.

“¿Hay algo? ¿Cualquier cosa que pueda decirme?”

Un caso, un caso no resuelto. Estaba hablándole al aire.

“¿Qué hizo él?”

Mi tono ya no era inquieto. Tal vez era el turno del sudor. La precaución fue arrojada al huracán en el cual mi vida se había convertido. Parecía no importar más.

“¿Hmm?” arqueó sus cejas.

“El hombre que encontramos, ¿qué hizo?”

El joven oficial se mantuvo tranquilo, bebió otra vez de su vaso de papel. No estaba segura de si él quería divulgar esa información, pero valieron la pena esas preguntas.

“Sin duda, su derecho a un escolta policial significa que ha conocido a la autoridad. Pero apenas se movía cuando lo encontramos. ¿Qué lo hace tan codiciado?”

El pliegue en su frente se profundizó con mi observación y mi pregunta. Creía que mi impresión inicial me había marcado como la “doncella necesitada” pero nunca fui una de esas con vestidos color rosa con holanes. Detecté un destello de indecisión antes de una desconexión del profesionalismo. Era casi como si él fuera a confesarme un secreto fundamental para mí. Bajó su tono, ajustó su postura.

“Esto es extraoficial, señorita,” se inclinó más cerca. “es un hombre buscado.”

“¿Buscado? ¿Qué hizo?”

“Hospitalizó a una mujer y a su hijo de 13 años.” Respondió sin rodeos.

Se me secó la boca, puse el té en la mesa antes de que mis temblorosas manos lo derramaran. Esa declaración comprimió el aire en mis pulmones antes de que tomara un respiro.

“¿Los lastimó?” Me tragué el nudo en la garganta.

“¿Eso ha ocurrido antes?”

“Ha habido otros incidentes; un muchacho de su primer matrimonio fue llevado a A&E* por una herida que él hizo, ellos pensaron que pudo haber sido causado por un vidrio roto.”

Harry.

“Pienso que eso fue hace algunos años. Nos toma un poco de tiempo poner todo junto, pero finalmente podemos encerrarlo. Hemos estado buscándolo por un rato. En mi opinión no es ningún tipo de abominación, y no es de nuestro interés seguir una investigación en el estado en el que lo encontraste. Pero si tienes alguna información, como oficial, te voy a animar a que me lo digas”

“No lo haré.”

***

*A&E es Accidents & Emergency, Accidentes y Emergencias, un departamento médico en UK
***

El viento atrapó mi cabello, haciéndolo volar y revolotear alrededor de mi cara. Luché por poder ver, tirando de mi capucha para asegurar los mechones sueltos. Iba a llover.

Mi corazón latía fuerte contra el pecho, golpeando sin descanso hasta que lo vi sentado en el último escalón. La cabeza de Harry estaba echada hacia abajo, sin molestarse por el frío ni que su chamarra estuviera abierta. Me acerqué sin precaución, pero la inquietud en sus ojos me hizo quedarme inmóvil.

“Lo siento, Bo.” Habló su torturada voz.

Corrí hacia él, con tanta fuerza que mi sudadera caía. Una vez que llegué a él mis manos tomaron su cara, sus dedos tomando mis muñecas.

“No necesitas decir eso.” Le dije desesperadamente.

“Lo siento tanto.” Repitió Harry, intentando enterrar su cara en mi hombro.

Mecí su cabeza gentilmente, consciente de las temblorosas respiraciones que se obligó a tomar. Acaricié su cabello caído, suave al toque hasta que los dos nos calmamos, satisfechos de estar en los brazos del otro. Estaba conteniendo las lágrimas mientras Harry regresaba a la realidad de nuestra exposición en el último escalón de su piso. Sólo entonces me di cuenta de la maleta a su derecha.

“¿Te vas?”

“Sólo por un tiempo.”

“¿Por tu cuenta?” Sin mí.

Su pequeño asentimiento fue suficiente para que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Cuando su mano fue a descansar en mi rodilla, lo alejé, sólo para ver si tenía remordimiento. El punzante dolor en su rostro confirmó el punto de vista sentimental de Harry.

“Si esto es por tu padre, entonces no me importa. Sé que no eres para nada como él. Él no ha me ha hecho cambiar de opinión sobre lo que siento por ti.” Dije mirando a mis zapatos, incapaz de mirarlo. Temiendo lo peor.

“Verlo de nuevo… no puedo seguir con esto” Dijo Harry “No puedo arriesgarme, no contigo.”

Mi cuerpo se había acurrucado inconscientemente a su lado, en un intento de protegerme a mí misma de sus terribles palabras. Me acomodé hasta que su pulgar rozó su mejilla, haciéndome perder la guerra contra una avalancha de lágrimas.

“Deja de compararte con él. Pelea por mí y yo pelearé por ti.” Apreté los dientes por las palabras que me hacían llorar.

“Estoy cansado de pelear” Exhaló Harry.

“¿Entonces te estás dando por vencido?”

Se formó una débil sonrisa, plagada de tristeza mientras descansaba su frente contra la mía. Mis manos con las suyas.

“No,” negó ligeramente, “tengo que dejarte ir.”

Era como tener un cuchillo sobre tu cuerpo sostenido sólo con un hilo, esperando a que esa persona no rompiera el hilo. Harry se había pasado de la línea.

Todo lo que habíamos logrado juntos, toda la mierda por la que pasamos para nada. Por mi mente pasaron todas las veces que había visto a Harry sonreír, una buena sonrisa con sus hoyuelos y una risa contagiosa. Guardé esas memorias muy profundo, enterrándolas prudentemente para que Harry no las pudiera alejar de mí cuando se fuera.

“¿Puedo besarte?”

“No si es un adiós.” Repliqué tranquilamente

Los labios de Harry nunca conocieron los míos.

En vez de eso, me ayudó a sentarme en sus piernas, mis brazos alrededor de su cuello, sumergiéndome todo lo que podía. Me sostuvo tan cerca como si estuviéramos cosidos juntos, imposible de encontrar la costura que poco a poco se desgarraba. Mi boca tocó el punto del pulso en su cuello, convenciéndome de que él era real durante el tiempo que me quedaba con él.

“No estés asustada. Te dije que te mantendría a salvo. No voy a romper esa promesa.”

Los bruscos sollozos se fueron reduciendo en inhalaciones pasivas; acariciando mi cabello mientras nos sentábamos entrelazados. No me importaba nadie más. Había gente caminando por el pavimento, tratando de disfrazar su curiosidad con miradas astutas. Tenían un aspecto borroso; la única cosa clara para mí era el chico que me estaba sosteniendo como si su vida dependiera de ello. Pero se estaba resbalando por mis dedos.

“Voy a cuidarte, Bo,” Harry hizo una pausa. “Sólo puedo estas contigo.”

Fue un reflejo automático, juntarme a su chamarra mientras mis dedos curioseaban en su nuca. Un instinto humano, luchar por la sobrevivencia y la fuente de la que dependes, mechones de cabello se pegaron a la humedad de mis mejillas.

“No tienes idea de cuánto quiero mantenerte conmigo.”

A pesar del tono pacífico, la desesperación no pudo ser disfrazada. Incluso cuando me puse detrás de él de nuevo, su mano seguía buscando la mía.

“Entonces hazlo.” Le pedí.

“Desearía poder.”

Los diamantes verdes que alguna vez fueron muy brillantes, se habían deslustrado, sus ojos se cerraron antes de chocar su nariz con la mía. Quería decirle cuánto significaba él para mí, que no creía ser capaz de juntar los pedazos que él dejaría hechos en mí cuando se fuera; que había tomado mi vida, volteándola de cabeza y agitándola hasta que dejó su huella.

Harry no me iba a dejar con suficiente corazón para soportar.

Intercambiamos palabras de afecto y adoración antes de que Harry se pusiera de pie y tomara su maleta. Un último beso fue presionado contra mi mejilla.

“Adiós, hermosa.”


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